Ya lo decía la canción: “cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo“. Y en ese cambio que se dibuja día a día y del que podemos sentir su profundidad y su impacto, pero somos incapaces de vislumbrar el resultado, sí podemos hacer un poco de análisis, proyectando cómo hemos cambiado nosotros.

¿Continuaremos siendo las mismas empresas y los mismos profesionales?

¿Seremos los mismos clientes que éramos cuando acabe el confinamiento? Seguramente, no. Han cambiado nuestras prioridades. Hemos vuelto, en gran medida, a lo esencial de la vida y de las cosas. Cambiarán nuestros hábitos, condicionados por la nueva situación. Puede que incluso cambien nuestros gustos.

¿Seremos los mismos profesionales que antes? ¿Las mismas empresas? ¿Con la misma forma de funcionar? Seguramente, tampoco. Habrá variaciones de mayor o menor impacto. Cambiará nuestra forma de trabajar, nuestros servicios, quizás demos un giro a nuestra orientación profesional y, sin duda, nuevos proyectos de emprendimiento que antes ni soñábamos verán la luz, porque serán necesarios.

Maximizar el valor para la sociedad

Algo que el cliente va a reclamar en cualquier empresa y a cualquier profesional a quien acuda es, sin duda, seguridad y responsabilidad. Y hay algo más a lo que nos estamos abriendo, a entender que no funcionamos como individuos aislados, sino que cada uno influye inevitablemente en los demás como si de células de un organismo vivo nos tratáramos, cada una con su función específica y su contribución a la totalidad.

En este tiempo de confinamiento, ese sentimiento de pertenencia y de solidaridad se ha manifestado de muchas maneras. Son muchos los emprendedores y empresas que se han movilizado de forma altruista. Pero, más allá del confinamiento, ¿cuál es nuestro propósito como empresas y profesionales? ¿Cómo contribuimos a la comunidad? ¿Cuál es nuestro legado? La sociedad va a demandar profesionales y empresas comprometidas, así que compromiso y rentabilidad irán de la mano.

El propósito social

El propósito social no es algo nuevo. “El propósito no es únicamente la búsqueda de la rentabilidad, sino la fuerza que impulsa a lograrla”, dijo Larry Fink, fundador y presidente de BlackRock, uno de los mayores fondos de inversión del mundo.

Hace tiempo que muchas empresas descubrieron que el contrato social de una empresa fortalecía el compromiso de los empleados y contribuía a la rentabilidad. Así, Telepizza convirtió sus cajas en altavoz de causas sociales, Eroski formó en hábitos de vida saludable a un millón de escolares, Danone se comprometió con el bienestar animal, Bankinter se marcó un compromiso global con las finanzas sostenibles…

Definir el propósito

Aquello que parecía una elección inteligente, se vuelve casi un imperativo en estos tiempos. Bien, ¿y cómo definimos nuestro propósito social? El propósito social es la necesidad del entorno que una organización se propone resolver. Está directamente relacionado con la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Es una mezcla de pasión, profesión y misión. También la visión de qué quieres ver en el mundo.

¿Qué es lo que más te motiva de tu trabajo? ¿Qué te apasiona hacer? ¿En qué sientes que marcas la diferencia? ¿En qué sientes que contribuyes a tu entorno? No se trata de buscar la respuesta, ni de respuestas largas y complicadas. La clave está en la sencillez. Deja que te vengan no más de cinco palabras para responder cada pregunta.

Quizás pienses que tu negocio no encaja en estos conceptos. Si es así, busca la forma de combinarlo con el propósito social o busca como profesional la forma apropiada para ti de implicarte en un proyecto que responda a las necesidades actuales.

“Cambia, todo cambia. Pero no cambia mi amor por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo ni el dolor de mi pueblo y de mi gente”, sigue la canción. Cuando volvamos a escuchar la pregunta de “oye, ¿y tú qué haces?”, la pregunta real será: “oye, ¿y tú qué haces por los demás? ¿en qué causas estás involucrada?”