Conocemos a Ulises Gómez, hacker del ecosistema de emprendimiento y aceleración de proyectos

Ulises Gómez se formó como arquitecto para, después, dar un giro de timón e involucrarse en proyectos de cooperación al desarrollo. Recaló en Honduras y haciendo honor a su nombre se convirtió en viajero incansable. Posteriormente, con su pareja y socia Patricia Tejero -o “espocia”, usando un término de ellos mismos- impulsó ecosistemas de emprendimiento e innovación en El Salvador, una línea de trabajo que mantiene en la actualidad. Ahora, Zaragoza es la base de operaciones de este soriano de nacimiento que lidera como hacker las áreas de Impacto y Arte de Impact Hub Zaragoza.

Ulises Gómez

Impact Hub y la Cuarta Revolución Industrial

Los hackers son personas que tienen un conocimiento profundo de un tema concreto y la capacidad de detectar y resolver cualquier posible fallo en el sistema para optimizar su funcionamiento. Así, los hackers de Impact Hub conducen las diferentes líneas estratégicas de esta nave en constante evolución y lo hacen siguiendo los parámetros de la Cuarta Revolución Industrial, que aprovecha la tecnología para generar proyectos escalables y transformadores.

“La tecnología no es una finalidad, sino una herramienta, un camino. En el Hub, nuestro objetivo es ayudar a las empresas a que conozcan las potencialidades de la tecnología y las aprovechen para alcanzar relevancia. Este es el lugar donde las cosas suceden, donde los proyectos crecen aprovechando las herramientas tecnológicas”, explica Ulises.

Ulises Gómez conferencia

El impacto social en la Cuarta Revolución Industrial

“Impacto para nosotros es lograr que los proyectos que buscan un cambio positivo en el mundo puedan crecer, ser sostenibles y escalables. No estamos en absoluto reñidos con el beneficio económico, al revés, porque el dinero es un medio para un fin, pero ponemos el foco en algo más grande, en ese propósito que está en nuestro ADN de ‘no dañar’, que se concreta, por ejemplo, en un consumo responsable y en ser conscientes de nuestra huella ecológica, tanto por parte de los seres humanos como de las empresas. Ese propósito es nuestra gasolina”, apunta Ulises, que también deja claro que “escalar no es crecer. Crecemos en una dimensión, escalamos en las tres dimensiones y esa capacidad es la que deseamos inocular en las empresas sociales, todas aquellas que ofrecen productos o servicios que resuelven un problema social”.

Un ejemplo conocido y a gran escala de esta filosofía es Grameen Danone, una join venture entre Grameen Bank, del Premio Nobel Muhammad Yunus, y la conocida multinacional que permite incorporar en los yogures en Bangladesh nutrientes para un correcto desarrollo del cerebro de los niños de hasta 5 años, con un coste del yogur más económico del habitual y que a su vez es distribuido por gente de la calle que cuenta con un microcrédito de la empresa. “El dólar que se invierte en una empresa social tiene una vida infinita”, señala Ulises, que se refiere como otro ejemplo a una startup del Hub, Neki, que desarrolla accesorios para la mejora de la seguridad y bienestar de personas mayores y enfermos utilizando el geoposicionamiento en “wearables” de lo más diversos: collares, relojes y cinturones, entre otros.

“Con Impacto nos referimos a organizaciones que quieren hacer del mundo un lugar mejor y para ello aprovechan y exprimen la tecnología a su favor, en una Cuarta Revolución Industrial que ha traído los sistemas ciberfísicos, la automatización y la inteligencia artificial”. El proyecto de José Briceño para la Fundación Humanismo y Ciencia, que se ha apoyado en uno de los programas del Hub, Impact Evolution, es un ejemplo de ello: del proyecto inicial de un curso online sobre la felicidad a una comunidad virtual interesada en el desarrollo personal, que se nutre del conocimiento ofrecido por esta plataforma de soportes multimedia para crecer de forma consciente.

 

Lo que no se mide no existe

“Estamos utilizando e impulsando metodologías tan interesantes como el Social ROI, que nos permite traducir en términos económicos el impacto de las empresas sociales”, añade. Por estos valores y con esta vocación, estamos trabajando además para que Impact Hub sea la primera empresa de Aragón certificada como BCorp.

Arte en todas las dimensiones de la mano de la Cuarta Revolución Industrial

El Hub de Zaragoza está creando una pequeña comunidad de artistas en la que vincula a aquellos que ya han expuesto en este espacio con aquellos que lo harán en un futuro: “Es el espacio donde los artistas emergentes pueden crecer”, nos cuenta Ulises. “Las exposiciones que organizamos son la excusa para fortalecer otras aristas del perfil profesional de los artistas, que pueden desarrollar su conceptualización expositiva y definir cómo transmiten quienes son en un camino de mentorizaje y aceleración que recorren acompañados por nosotros”, comenta.

Todo ello adquiere una nueva dimensión gracias a la Cuarta Revolución Industrial, ya que la tecnología ofrece interesantes servicios a los artistas. “La startup Hurler&Vaulter, sobre propiedad intelectual, es un buen ejemplo de ello. Con tecnología blockchain, permite crear certificados de autentificación de las obras artísticas. El trámite cuesta una quinta parte de lo habitual y se puede hacer tranquilamente desde casa”, puntualiza.

“Otro ejemplo es la exposición de Albert Lluís que se servía de la Realidad Aumentada para dar a conocer al público el proceso de creación de las obras usando un smartphone”. Así son los proyectos artísticos impulsados en el Hub, que buscan una mayor interactividad con el público, para dar un sentido aún mayor al hecho creativo.

Imagen de HERALDO

El viaje de Ulises o el camino del hacker

“Fue en Honduras, en 2010, en un proyecto de cooperación al desarrollo de ACOES, donde conecté con lo que me apasionaba más allá de la arquitectura. Un año después me tuve que mover para conseguir una beca de la Politécnica de Madrid para proyectos de este tipo, en la que tenías que encargarte de buscar a otra Universidad y una ONG para desarrollarlo. Honduras, mi primer objetivo, no fue el lugar adecuado y sí El Salvador, donde podíamos montar algo potente. Fui con Patricia. Los 6 meses iniciales se convirtieron en 6 años. Tras varias experiencias, Patricia y yo nos dimos cuenta de que había ciertas cosas que nadie quería hacer: preguntabas por un determinado servicio o procedimiento y la respuesta era Fíjese que… siempre ha sido así.

De los egosistemas a los ecosistemas de emprendimiento

Ulises y Patricia decidieron crear ellos mismos aquello que no encontraban: un soporte para las empresas y mucho más. Impulsaron una consultora de innovación con impacto, INSERT, que ayuda a las empresas, organizaciones y profesionales a desarrollar proyectos de desarrollo integral. Bajo ese “paraguas”, lanzaron en 2013 YAWAL, una incubadora en la que acompañan a los emprendedores desde la fase de idea hasta la entrada al mercado. Allí han surgido 62 nuevas empresas, han trabajado con más de 3000 emprendedores y han conseguido más de 750.000 euros en financiación para las empresas.

Ulises Gómez

“Somos conscientes de que nadie puede apoyar al emprendedor en todo el proceso”, señala Ulises. “Nosotros nos hemos especializado en una fase y hemos ido ampliando nuestros servicios a demanda de los propios emprendedores, siempre teniendo en cuenta que nuestro foco no está en nosotros, sino en los demás. Crecemos haciendo crecer a otros y huimos de ese ego tan típico en muchas incubadoras en las que se refieren a “mis emprendedores”. Debemos evolucionar de los egosistemas a los ecosistemas y tener muy presente que los proyectos son de los emprendedores, no nuestros, no de las incubadoras”, nos dice.

“Estábamos encantados viviendo en El Salvador, pero también deseábamos recuperar un hecho tan sencillo como caminar tranquilamente por la calle, pasear. Suena duro y realmente nunca tuvimos ningún problema, pero la inseguridad allí es una realidad, así que decidimos volver y montar nuestra base operativa en España. Paso la mayor parte de los meses aquí, pero me reservo algunos para ir a El Salvador”, explica este Ulises viajero que procede de una familia de Migueles. “Tengo el nombre que mi abuelo no pudo ponerle a mi padre, porque en aquella época se lo impidieron”, aclara este hacker que ya ha llegado a su Ítaca, Impact Hub Zaragoza.