Nana Food llega al Hub con su apuesta por un consumo consciente de carne saludable, ética y sostenible. Nana Food es el proyecto que nace de la experiencia de Begoña Pérez, doctora en Veterinaria, y su colaboración con Pilar Soler, consultora e ingeniera. Ambas han ido aún más allá de la producción de carne ecológica para ofrecer carne y embutidos de la mayor calidad que comercializan a través de una plataforma online.

Más allá de la carne ecológica

“Soy veterinaria, con más de 20 años de experiencia en el sector cárnico industrial. No me gustaba lo que veía, así que me volví vegetariana. Dejé de comer carne porque el sistema de producción no estaba alineado con mis valores”, explica Begoña.

Esta veterinaria comprometida con otra forma de alimentarnos y otro concepto de la producción animal apunta que “no necesitamos comer carne todos los días de la semana“. Recordemos que la Organización Mundial de la Salud  recomienda fijar un límite de consumo semanal que no rebase el medio kilo, lo que supone comer carne dos o tres veces cada siete días.

“Merece la pena pagar algo más por una carne de calidad, procedente de animales que no reciben antibióticos en toda su vida, que viven felices en libertad y se alimentan de pasto, que es lo más natural. Nuestros embutidos no llevan ni aditivos, ni conservantes, ni conservantes, es decir, no llevan lo que yo llamo “E” de extraterrestre (estas sustancias suelen tener una denominación numérica que encabeza la letra E). No les hace falta ninguna sustancia para incrementar su vida útil. Nuestros productos son aptos para celíacos y sin lactosa”, explica Begoña. Así, la carne de Nana es ecológica, pero no solo ecológica, sino que sigue un proceso muy controlado en el que se pone una especial atención al cuidado de los animales, a su alimentación -no producen animales obesos y son criados en su hábitat natural- y en el respeto por el medio ambiente. De este modo, un pollo se cría en cinco meses, que su desarrollo normal, y no en 41 días, como sucede en la producción cárnica en general.

Además, el packaging de Nana Food no usa plástico, solo biopolímeros de materias recicladas y reciclables. Tampoco en los envases de los embutidos, que son de almidón de maíz. Nuestras entregas se hacen en la Nana Box, una caja isotérmica que garantiza 100% de frescura durante 48 horas.

El proyecto

Nana Food tiene un año y dos meses de vida. Begoña Pérez se encarga del control de los procesos, la calidad y la tecnología. Al proyecto se han incorporado Laura Ayuda, como economista y Covadonga, como responsable de marketing y analítica de datos. En breve se sumará Lorena, en administración. Nana Food son también la quincena de ganaderos implicados en el proyecto y ubicados en Teruel (Castellote), Valle de Arán, Valladolid y Ávila. Los huevos que se comercializan se producen en el entorno de Zaragoza.

Lo que no sabemos

“El pollo no es amarillo y la yema del huevo depende de qué colorantes utilicen en la alimentación de la gallina es de un color u otro. El color de la carne que vemos no es el natural. Las vacas no reciben antibióticos para preservar su salud, sino porque su organismo no asimila bien el maíz, que es de lo que la alimentan para que engorde más rápido. Los antibióticos permiten que sigan consumiéndolo”, como explica Begoña.

“Son solo ejemplos de la importante labor de divulgación que tenemos que hacer, porque somos lo que comemos, pero la industria no ha querido que se sepan muchas cosas. Queremos dar esas herramientas a la sociedad para que consuman productos saludables. Nuestro objetivo no es vender carne, sino vender salud. La carne que vendemos es la que queremos consumir“, concluye.