En un rincón austero del corazón de la ciudad de Zaragoza, engalanado con la sobriedad de un edificio del siglo XVI y con un patio ajardinado que forma parte del patrimonio de la ciudad, comenzó una idea alocada para cambiar la dinámica de una ciudad milenaria.

Suena exagerado, o no. Las ideas son criterios potenciales capaces de llenar una espacio. Y así empezó todo, en un simple espacio para juntar ideas inconexas de más de diez empresarios. ¿Qué se puede crear para canalizar toda la creatividad o para potenciar las empresas aragonesas?: esa era la pregunta que sobrevolaba en un pequeño círculo.

El espacio, a modo de ‘garaje’, ya ha contemplado -en los últimos veinte años- la creación, y crecimiento, de empresas como Imaginarium o Barrabes. Y ahí era donde un pequeño grupo de empresarios -en torno a una nevera azul con cervezas frías- buscaban crear su espacio.

¿Para qué? Aún estaba por decidir.